En Outeiro das Brisas, una residencia de 700 m² distribuye la vida familiar entre un volumen principal, un pabellón de huéspedes y una arquitectura de jardín.

Fotografías: Evelyn Müller.
La Casa ĪBA, proyectada por Daniel Fromer en el sur de Bahía, no se entiende únicamente como una vivienda orientada hacia una buena vista. Su interés está en cómo organiza la convivencia de varias generaciones sin concentrar todas las actividades en un único volumen.
El proyecto, concluido en 2023, ocupa aproximadamente 700 m² sobre un terreno de algo más de 5.000 m² en Outeiro das Brisas [1] [2]. La parcela tiene una topografía semejante a un anfiteatro natural y se abre hacia el paisaje y el atardecer. En ese escenario, el estudio plantea tres bloques relacionados: la casa principal, un volumen para huéspedes y un pabellón junto a la piscina [2].
La arquitectura trabaja en conjunto con los interiores de Marina Linhares y el paisajismo de Rodrigo Oliveira. El resultado no es una casa aislada dentro de un jardín terminado, sino un sistema residencial en el que las distancias entre piezas permiten distribuir edades, grados de intimidad y formas distintas de estar.

Fotografías: Evelyn Müller.
Una casa que reparte la convivencia
El programa familiar como criterio espacial
Se parte de una intención concreta: recibir a niños, adolescentes, adultos y personas mayores sin que cada grupo pierda su lugar [2]. Esta condición transforma la vivienda multigeneracional en un problema de organización, no solo de superficie.
El bloque principal reúne las áreas social, íntima y de servicio de la familia. La disposición separa los ambientes dentro de un mismo plano y permite que la vida común tenga una escala reconocible, mientras los dormitorios y las áreas de apoyo mantienen su propio grado de reserva [2].
El volumen de huéspedes completa el conjunto con una autonomía mayor. En lugar de tratar las visitas como una extensión ocasional de la casa principal, el proyecto les asigna una pieza específica. Esa decisión puede reducir interferencias en el día a día y hacer compatible la hospitalidad con la privacidad familiar.
Tres volúmenes en diálogo con la topografía
El tercer elemento es un pabellón situado junto a la piscina. Funciona como apoyo y como espacio de convivencia exterior [2]. Su posición desplaza parte de la vida social fuera del núcleo principal y permite que el área de ocio tenga una identidad propia.
La separación entre bloques introduce pausas y recorridos. Quien habita la casa no pasa directamente de un interior a otro: atraviesa jardines, cambia de escala y decide qué tipo de actividad busca. Esa secuencia resulta especialmente adecuada para una vivienda pensada para recibir a personas con rutinas diferentes.

Esquema elaborado por Tecnohaus a partir de la descripción publicada [2]. Muestra relaciones, no posiciones reales ni escala.

Fotografías: Evelyn Müller.
La casa principal bajo tres respuestas de cubierta
El bloque principal no presenta una única cubierta homogénea. Sobre el área social aparece un tejado; otro cubre el área íntima, que se desarrolla en dos pisos; y una losa resuelve el área de servicio [2].
La diferencia de cubiertas ayuda a leer el programa desde el exterior. Cada parte de la casa adquiere una presencia propia sin perder la unidad del conjunto. La solución también evita que la gran superficie construida se perciba como un volumen indiferenciado.
En los espacios de convivencia y en las áreas de circulación, las aberturas se orientan hacia los jardines [2]. Esta decisión es importante porque desplaza el centro de la experiencia: el jardín no es una vista reservada para el salón, sino una referencia que acompaña el movimiento cotidiano entre ambientes.

Fotografías: Evelyn Müller.
Un paisaje diseñado para sostener la vida doméstica
El jardín como campo de experimentación
Para Rodrigo Oliveira, el jardín de Casa ĪBA funciona como un laboratorio [2]. Entre los volúmenes se plantaron áreas intermedias con nuevas especies y se ensayaron combinaciones que producen una imagen singular, menos dependiente de un jardín ornamental convencional.
La propuesta paisajística se apoya en la convivencia entre jardines naturales y diseñados. La vegetación acompaña los recorridos, establece distancias entre las piezas y aporta transiciones entre lo doméstico y el terreno original. El proyecto reconoce así que, en una casa de esta escala, el vacío entre edificios también necesita ser proyectado.
El proyecto incorpora especies nativas y adaptadas al clima cálido y húmedo de la región, y mantiene una relación continua entre las estancias y el jardín mediante grandes paneles de vidrio [3]. Estos datos permiten hablar de una estrategia de integración paisajística.
Aberturas para mirar y encontrarse
Las aberturas hacia los jardines cumplen varias funciones a la vez. Aportan vistas, favorecen una lectura continua del conjunto y convierten los recorridos en momentos de contacto con la vegetación. También ayudan a que los habitantes de diferentes generaciones compartan una referencia común sin tener que ocupar siempre la misma habitación.
La conexión visual no elimina la necesidad de límites. La distancia entre bloques, la vegetación intermedia y la variedad de cubiertas permiten graduar la exposición. Casa ĪBA ofrece apertura, pero no depende de una transparencia total para construir su relación con el paisaje.

Fotografías: Evelyn Müller.
Materialidad local con lenguaje contemporáneo
La materialidad incorpora taubilha, estructura de madera, cemento quemado y losa cerámica de Trancoso [2]. Estos recursos remiten a técnicas y materiales asociados al contexto bahiano, pero se aplican con una composición contemporánea que evita reproducir una imagen rústica.
La madera aporta continuidad entre estructura, cubierta y atmósfera interior. El cemento quemado introduce una superficie sobria y resistente en contraste con la textura de los elementos de madera. La cerámica de Trancoso vincula la casa con una producción local reconocible sin convertir el proyecto en un catálogo de referencias regionales.
Lo más consistente del conjunto es que la materialidad no se presenta como un acabado añadido al final. Está relacionada con la forma en que la casa se abre, se cubre y se distribuye en el terreno. El carácter bahiano aparece en la coordinación entre materiales, clima, jardines y formas de habitar.

Fotografías: Evelyn Müller.
Una arquitectura de acuerdos
Casa ĪBA destaca por resolver varias tensiones sin hacer que una sola domine la experiencia. La vivienda es amplia, pero se fragmenta para conservar una relación cercana con el jardín. Está pensada para muchas generaciones, pero no convierte la convivencia en una obligación de compartirlo todo. Se abre al paisaje, pero introduce distancias y piezas intermedias que permiten la intimidad.
La decisión de organizar el programa en tres bloques es, por tanto, más que una operación volumétrica. Construye una forma de vida: la casa principal concentra la rutina familiar, el bloque de huéspedes administra la hospitalidad y el pabellón de la piscina sostiene la actividad exterior. La arquitectura distribuye las relaciones antes de resolver los detalles.
También hay una posible exigencia en este modelo. Un conjunto disperso requiere recorridos exteriores y una coordinación cuidadosa entre mantenimiento, clima y uso cotidiano. El valor del proyecto puede sostenerse con mayor precisión en su organización espacial, su relación con el paisaje y su uso de materiales.

Fotografías: Evelyn Müller.
La Casa ĪBA de Daniel Fromer formula una respuesta espacial a una pregunta doméstica muy actual: cómo reunir a una familia extensa sin forzar todos sus tiempos y actividades dentro de una única estructura. Sus tres bloques, las cubiertas diferenciadas y los jardines intermedios construyen grados de cercanía que permiten alternar reunión, retiro y vida exterior.
La lección práctica está en observar cómo el programa puede producir la forma. Antes de buscar una imagen unitaria, conviene identificar quiénes usarán cada espacio, qué actividades pueden convivir y cuáles necesitan distancia. En Casa ĪBA, esa lectura transforma una vivienda grande en un conjunto habitable, donde cada decisión de implantación ayuda a que la vida familiar encuentre su propio ritmo. Puedes poner a prueba esa lectura con el ejercicio que sigue.

Fotografías: Evelyn Müller.
✏️ Ejercicio para estudiantes: reparte la convivencia
Casa ĪBA reparte la vida de una familia extensa entre tres piezas. Haz el mismo ejercicio con una vivienda para tres generaciones: abuelos, adultos y niños o adolescentes.- Completa la tabla. Para cada actividad, anota quién la usa y si se comparte o necesita distancia.
- Decide qué cabe en un bloque principal y qué justifica una pieza independiente, como los huéspedes o la piscina en ĪBA. Máximo dos piezas.
- Dibuja un esquema de relaciones como el de arriba: bloques, jardín intermedio y recorridos.
- Evalúa tu propuesta. ¿Qué ruido cruza de una pieza a otra? ¿Quién recorre más distancia cada día? ¿Qué pasa cuando llueve o hace mucho calor? Cada pieza independiente añade recorridos exteriores: es la exigencia que señalamos más arriba.
- Compara con ĪBA. ¿Qué sacarías del bloque principal que ellos mantuvieron dentro, y qué costo tiene esa decisión?
| Actividad | ¿Quién la usa? | ¿Se comparte o necesita distancia? | ¿Dónde la ubicas? |
|---|---|---|---|
| Cocinar y comer en familia | |||
| Dormir | |||
| Estudiar o trabajar | |||
| Recibir visitas que se quedan a dormir | |||
| Ocio con ruido (música, juegos, piscina) |
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Ficha técnica
Arquitectos: Daniel Fromer
Área: 700 m²
Año: 2023
Fotografías: Evelyn Müller
Categoría: Casas
Paisajismo: Rodrigo Oliveira
Diseño de interiores: Marina Linhares
Ciudad: Porto Seguro
País: Brasil






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