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Casa CCLM 280: una vivienda de fin de semana que convierte la irregularidad en encuentro

En esta casa de Cañuelas, el lote irregular no se corrige: se utiliza para repartir la vida entre interiores, galerías y jardín.



Casa CCLM 280 de Barbalaco Arquitectos, vivienda contemporánea de dos plantas con estructura de hormigón visto, grandes ventanales, terraza cubierta y piscina integrada al jardín.

Fotografías: Federico Kulekdjian.



Una casa pensada para entrar y volver


Casa CCLM 280 no parte de la idea de una vivienda de uso permanente que ocasionalmente recibe visitas. Su condición inicial es otra: una casa de fin de semana concebida como punto de encuentro para la familia y los amigos. Esa diferencia modifica el modo de entender el programa, el mantenimiento y la relación entre interior y exterior.

El proyecto de Barbalaco Arquitectos se ubica en un barrio residencial del partido de Cañuelas, en la provincia de Buenos Aires. Tiene 370 m² y fue registrado en 2024 con fotografías de Federico Kulekdjian [1]. Su rasgo más determinante no es una forma llamativa, sino la geometría poco habitual del terreno. Allí donde un lote irregular podría entenderse como un obstáculo, el estudio encuentra una oportunidad para distribuir los espacios y producir distintas formas de estar.

La vivienda responde con una organización de uso doble. La planta baja concentra la vida cotidiana de los propietarios. El nivel superior queda reservado casi exclusivamente para los invitados. Entre ambos, el área social extiende la casa hacia las galerías semicubiertas y convierte el encuentro en una actividad que no depende de permanecer dentro de un recinto cerrado.


Interior de Casa CCLM 280, diseñada por Barbalaco Arquitectos, con comedor de madera, sillas tapizadas, cocina integrada, techo de hormigón visto y grandes ventanales corredizos que conectan con el jardín.

Fotografías: Federico Kulekdjian.



El lote irregular como generador de decisiones


De la dificultad geométrica a la variedad espacial


Los terrenos irregulares suelen recibir una respuesta defensiva. Se intenta regularizar la planta, esconder los ángulos difíciles y aproximar la casa a una geometría rectangular. CCLM 280 toma el camino contrario. La forma particular del lote se convierte en una aliada para producir espacios con distintas orientaciones, profundidades y relaciones con el exterior.[1]

La ventaja de esta estrategia no consiste en celebrar la irregularidad por sí misma. Una forma compleja solo tiene valor cuando mejora el uso. En este caso, la geometría permite explorar ambientes luminosos y versátiles, además de mantener un contacto constante con el entorno natural. El proyecto transforma la parcela en una secuencia de situaciones, en lugar de forzarla a comportarse como un rectángulo.

Ese enfoque ofrece una lección útil para la vivienda suburbana. La optimización de un terreno no siempre significa ocuparlo con la mayor cantidad posible de superficie regular. También puede significar reconocer qué orientación, qué vacío o qué retranqueo permite que la casa funcione mejor durante todo el año.

La casa no se agota en su superficie construida


En CCLM 280, el área construida no explica por sí sola la dimensión de la experiencia. La casa se completa con galerías, espacios semicubiertos y áreas exteriores que prolongan el programa social. El límite entre “interior” y “exterior” no desaparece, pero se vuelve más poroso.

Esta condición es especialmente pertinente para una vivienda de fin de semana. La llegada suele coincidir con reuniones, comidas largas, niños en movimiento y actividades que cambian según el clima. Una arquitectura excesivamente compartimentada obligaría a elegir entre estar adentro o salir. Las galerías permiten que ambos modos de uso ocurran de manera simultánea.


Vista en perspectiva de Casa CCLM 280 de Barbalaco Arquitectos, con volúmenes horizontales de hormigón visto, planta baja acristalada, terraza cubierta, vegetación y piscina rectangular rodeada de césped.

Fotografías: Federico Kulekdjian.



Dos ritmos de ocupación


La planta baja como casa diaria


La planta baja reúne las funciones esenciales para la vida de los propietarios. El proyecto busca que el nivel pueda utilizarse de forma independiente, sin necesidad de activar toda la vivienda cuando la ocupación es reducida.[1]

Esta decisión introduce una dimensión de eficiencia que no depende únicamente de incorporar tecnologías. Una casa más grande no tiene por qué comportarse siempre como una casa grande. Si el programa diario se concentra en un nivel claro, los habitantes pueden reducir el mantenimiento y limitar el uso de áreas que solo son necesarias durante las reuniones.

La flexibilidad de CCLM 280 se entiende, por tanto, como una condición de operación. La casa cambia de escala según quién la ocupa. Para una pareja o una familia pequeña puede funcionar como una vivienda contenida. Cuando llegan los invitados, incorpora el nivel superior sin modificar el funcionamiento del área cotidiana.

El nivel superior para recibir sin invadir


El piso alto se reserva casi exclusivamente para las visitas. La decisión no separa a los invitados como si fueran usuarios ajenos; les asigna una autonomía que protege las rutinas de quienes viven la casa con mayor frecuencia.

Esta forma de organizar la hospitalidad evita una tensión frecuente en las casas de fin de semana: recibir a muchas personas sin que toda la vivienda deba convertirse en un espacio colectivo. El nivel superior funciona como una reserva de capacidad. La casa puede ampliarse temporalmente sin perder claridad en su funcionamiento habitual.

La solución también modifica la percepción del tiempo. La planta baja sostiene el presente cotidiano; el nivel superior permanece disponible para los momentos de mayor intensidad social. La arquitectura no necesita que todos los metros cuadrados estén permanentemente activos para justificar su existencia.


Comedor de Casa CCLM 280, obra de Barbalaco Arquitectos, con mesa alargada de madera, sillas tapizadas, cocina integrada con mobiliario de madera, techo de hormigón visto y grandes puertas corredizas de vidrio abiertas hacia el jardín.

Fotografías: Federico Kulekdjian.



El área social como territorio compartido


Mitad interior, mitad galería


La memoria del proyecto divide el área social en proporciones iguales entre ambientes interiores cubiertos y galerías semicubiertas. Esta relación no es un dato cuantitativo aislado. Define el carácter de la vivienda.

La galería actúa como un espacio intermedio donde las actividades pueden permanecer abiertas al jardín sin quedar completamente expuestas al sol, la lluvia o el viento. Permite almorzar, conversar, preparar un asado o simplemente permanecer cerca del exterior sin abandonar el confort de la casa.

En lugar de tratar la galería como un borde decorativo, CCLM 280 le entrega una superficie comparable a la del interior social. La decisión amplía el programa sin multiplicar habitaciones. La casa gana capacidad de reunión porque el espacio semicubierto puede absorber actividades que no necesitan un cerramiento completo.

El encuentro como criterio de distribución


El área social es el corazón del proyecto porque fue diseñada para sostener relaciones, no solo para contener mobiliario. Las reuniones familiares, los asados y las conversaciones de tarde se benefician de una continuidad que permite cambiar de posición sin interrumpir la actividad.

La arquitectura de la casa de fin de semana suele medirse por su capacidad para producir memoria. En CCLM 280, esa capacidad no depende de un objeto excepcional, sino de una organización que hace posible permanecer juntos de distintas maneras. Algunas personas pueden estar en el interior, otras en la galería y otras en el jardín, manteniendo una proximidad suficiente para compartir la situación.

La estrategia se puede comparar con proyectos recientes publicadas en Tecno Haus que también trabajan el espacio intermedio, aunque desde condiciones distintas. En Casa Nova, el vacío se convierte en una secuencia longitudinal de agua, vegetación y puentes. En CCLM 280, la continuidad se construye mediante la relación proporcional entre sala, galería y jardín.


Vista interior de Casa CCLM 280 de Barbalaco Arquitectos, donde el comedor de madera se integra con una cocina de mobiliario lineal, revestimientos de hormigón visto, pavimento oscuro y amplios cerramientos acristalados que conectan los ambientes con el exterior.

Fotografías: Federico Kulekdjian.



Arquitectura para el uso parcial


Una de las ideas más interesantes de CCLM 280 es que admite una ocupación variable sin depender de mecanismos complejos. El proyecto reconoce que una casa de fin de semana no se utiliza siempre con la misma intensidad. Hay días de baja ocupación y otros en los que llegan familiares y amigos.

Diseñar para ese cambio implica pensar en recorridos, mantenimiento y energía. La planta baja concentra lo indispensable. El nivel superior permanece disponible. Las galerías absorben la expansión de la vida social. El conjunto puede funcionar en modo reducido o abrirse para una reunión amplia.

La fuente del proyecto utiliza la palabra “sostenible”, pero no publica datos de consumo, certificaciones ni mediciones de desempeño. Por eso, es más preciso describir la estrategia como una eficiencia operativa potencial: la posibilidad de utilizar solo la parte necesaria de la casa puede reducir tareas y demanda de uso cuando la ocupación es menor, pero no permite cuantificar un resultado ambiental.[1]

Esta precisión es importante. La arquitectura responsable no se define por adjetivos, sino por mecanismos verificables. En CCLM 280, esos mecanismos están en la zonificación y en la graduación entre interior, galería y jardín. La magnitud de sus beneficios energéticos no está documentada en las fuentes consultadas.


Casa ĪBA, de Daniel Fromer, en Bahía (Brasil)

Fotografías: Federico Kulekdjian.



Una arquitectura que evita el gesto único


CCLM 280 no se presenta como una casa que deba ser comprendida desde una sola imagen. Su interés aparece al observar cómo varias decisiones pequeñas se apoyan entre sí.

El lote irregular evita una planta repetitiva. La planta baja concentra la vida diaria. El nivel superior administra las visitas. Las galerías amplían el área social. El jardín permite que la reunión continúe al aire libre. Ningún elemento explica por sí solo el proyecto, pero todos participan de una misma lógica de adaptación.

En este sentido, la obra se distancia de una arquitectura de “pieza única”. Su identidad no reside en un volumen icónico, sino en la coordinación entre grados de ocupación, escalas de reunión y condiciones de permanencia. La casa es más convincente cuando se lee como un sistema de usos que cuando se reduce a una imagen formal.


Casa ĪBA, de Daniel Fromer, en Bahía (Brasil)

Fotografías: Federico Kulekdjian.



El valor de no ocuparlo todo


La mayor virtud de CCLM 280 es haber entendido que una casa de fin de semana debe diseñarse para diferentes intensidades de vida. Una vivienda así no es simplemente una casa permanente con habitaciones extra. Tiene periodos de silencio y momentos de alta concentración social.

La separación entre la planta baja y el nivel de invitados responde bien a esa condición. Permite mantener una escala cotidiana y, al mismo tiempo, recibir a más personas sin alterar el funcionamiento de la casa. La solución es espacialmente simple, pero exige que el programa se defina desde el principio según sus distintos modos de uso.

La segunda fortaleza está en la proporción del área social. Al repartirla entre interior y galería, el proyecto evita que el exterior sea una extensión ocasional. La vida al aire libre adquiere la misma importancia que el estar bajo techo. En un contexto de reuniones familiares, esa decisión puede ser más determinante que añadir una habitación adicional.

El punto que merece una lectura más cautelosa es la relación entre sostenibilidad y escala. La posibilidad de ocupar solo parte de la vivienda es una respuesta inteligente al uso variable, pero no basta para demostrar un desempeño energético superior. Tampoco se publican estrategias específicas de orientación, protección solar, ventilación cruzada o gestión del agua. La obra puede leerse como una arquitectura eficiente en su operación cotidiana, pero no como un caso cuantificado de eficiencia ambiental.

La irregularidad del terreno también implica un posible costo. Las geometrías no convencionales pueden producir espacios ricos, aunque suelen exigir mayor precisión en estructura, carpinterías, mobiliario y mantenimiento. El proyecto parece asumir ese esfuerzo porque obtiene a cambio una variedad espacial que una planta regular no habría ofrecido. La decisión es válida cuando la complejidad está al servicio del uso, y no cuando se convierte en una forma difícil de habitar.


Casa ĪBA, de Daniel Fromer, en Bahía (Brasil)

Fotografías: Federico Kulekdjian.



Una casa que mide su éxito por lo que permite compartir


Casa CCLM 280 transforma tres condiciones que podrían haber sido problemáticas —un lote irregular, una ocupación intermitente y la necesidad de recibir a muchas personas— en una arquitectura centrada en el encuentro. Barbalaco Arquitectos no intenta resolverlas con un volumen espectacular. Las aborda mediante una distribución clara, una relación equilibrada entre interior y galería y una separación funcional entre la vida cotidiana y la visita.

El proyecto deja una enseñanza práctica: no diseñen una vivienda solo para su ocupación máxima; diseñen también para sus momentos de baja intensidad. Pregunten qué parte de la casa debe permanecer activa, qué espacios pueden ampliarse cuando llegan invitados y qué borde intermedio puede conectar el interior con el jardín.

También conviene recordar que una forma irregular no es automáticamente una virtud. Se vuelve valiosa cuando mejora la luz, la flexibilidad, la relación con el paisaje o la convivencia. La tarea del proyecto consiste en demostrar ese beneficio en el uso diario. En CCLM 280, la geometría del terreno encuentra su justificación cuando permite que la casa sea, a la vez, refugio cotidiano y lugar de reunión.


Casa ĪBA, de Daniel Fromer, en Bahía (Brasil)

Fotografías: Federico Kulekdjian.



Casa ĪBA, de Daniel Fromer, en Bahía (Brasil)

Fotografías: Federico Kulekdjian.



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Ficha técnica

Arquitectos: Barbalaco Arquitectos
Área: 370 m²
Año: 2024
Fotografías:Federico Kulekdjian
Categoria: Casas
Equipo Líder: Alberto Barbalaco, Nicolas Barbalaco
Ciudad: Cañuelas
Pais: Argentina


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Fotografías: Federico Kulekdjian.


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