En Tokio, entre casas de madera que sobrevivieron la guerra y el trazo de una futura carretera de 22 metros, Mejiro Studio y Kozo Kadowaki construyeron una vivienda doble donde cada planta necesita a la otra para mantenerse en pie. Lo que parece una limitación estructural es, en realidad, la mejor metáfora del proyecto: aquí, la interdependencia no es un problema, es el concepto.

Hay una pregunta que la mayoría de las familias latinoamericanas pospone durante años: ¿cómo vivir cerca de los padres sin que eso signifique vivir exactamente igual? La respuesta suele llegar tarde y mal resuelta —un cuarto añadido sin planificación, un departamento en el mismo edificio sin ninguna relación entre ambos, o la convivencia forzada bajo el mismo techo sin los espacios que cada generación necesita.
Casa en Mejirodai, terminada en julio de 2010 en el barrio de Mejirodai, en el distrito de Bunkyo-ku de Tokio, no resuelve esa pregunta con retórica: la resuelve con estructura. Mejiro Studio, en colaboración con el arquitecto y teórico Kozo Kadowaki —docente de la Universidad Meiji y de la Universidad de Artes de Tokio, y más tarde curador del Pabellón de Japón en la Bienal de Venecia 2021—, diseñaron una vivienda doble de 165,10 m² sobre un terreno de 177,44 m² en la que cada planta corresponde a una familia distinta y, al mismo tiempo, cada planta necesita a la otra para poder sostenerse.
Los propios arquitectos llamaron a esto "arquitectura recíproca". No es un término decorativo: describe con precisión el principio estructural que hace posible la casa y, simultáneamente, la lógica de convivencia que la organiza.




El contexto: un barrio atrapado entre la memoria y la infraestructura
Para entender por qué este proyecto toma las decisiones que toma, hay que mirar primero el lugar donde se construyó. El entorno inmediato del lote en Mejirodai es uno de los más característicos de ciertos barrios residenciales del centro de Tokio: casas de madera de baja altura, muchas de ellas supervivientes de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, distribuidas en parcelas pequeñas y de forma irregular, con una escala doméstica que contrasta con la densidad de la ciudad que las rodea.
Al mismo tiempo, sobre el lado oeste del terreno avanzaba, en el momento del proyecto, la planificación de la Ruta 4 ampliada: un vial de 22 metros de anchura que, cuando se ejecute, transformará de forma radical la relación del lote con su entorno inmediato. La parcela estaba, por tanto, suspendida entre dos realidades urbanas opuestas: la escala íntima y horizontal de un barrio histórico de madera, y la escala infraestructural de una ciudad que sigue creciendo hacia arriba y hacia afuera.
Esa tensión no es el contexto del proyecto: es su tema. Mejiro Studio y Kadowaki lo formularon en la memoria descriptiva como "una propuesta de estilo constructivo adecuado para un terreno con dos aspectos: zona densa de casas de madera y planificación viaria". La respuesta arquitectónica a esa dualidad se organiza en tres capas que los propios autores describen con el término "complementariedad", y que pueden leerse de forma separada aunque funcionen de manera interdependiente.




Complementariedad con el paisaje urbano: pequeño abajo, unificado arriba
La primera capa del proyecto es la más visible desde la calle y la que responde directamente al doble contexto urbano del lote.
En planta baja, el espacio se divide en cuatro unidades de pequeño volumen, fragmentadas e independientes entre sí en apariencia, pero con una relación interna que veremos al hablar de la estructura. Esa escala pequeña y discontinua dialoga directamente con las casas de madera del entorno inmediato: ninguna de esas cuatro unidades impone una presencia monolítica sobre la calle ni sobre los vecinos, sino que mantiene la misma granularidad del tejido histórico que la rodea.
En planta alta, la estrategia se invierte por completo. El segundo nivel es un espacio unificado, de gran volumen, abierto hacia la ciudad con una generosidad que la planta baja deliberadamente evita. Esta apertura hacia arriba anticipa además el futuro transformado del lote: cuando la carretera de 22 metros se construya, será el segundo piso —el de la familia del hijo— el que se relacione directamente con esa nueva escala urbana, mientras que el primero —el de los padres— seguirá orientado hacia el jardín protegido que la nueva vialidad no alcanzará.
Los propios arquitectos describen esta dualidad con una frase que resume bien la lógica del proyecto: las dos plantas son "dispersivas pero centrípetas". El movimiento aparente hacia afuera de cada volumen del primer piso y la apertura del segundo están, en realidad, organizados en torno a un centro de gravedad común que es la vivienda completa.




Complementariedad de vida: el jardín para los padres, la ciudad para los hijos
La segunda capa del proyecto organiza el programa por generaciones, y lo hace de una manera que merece atención porque invierte un supuesto habitual sobre cómo debe convivir una familia extendida.
La planta baja es para los padres. Sus cuatro pequeñas unidades están rodeadas por el jardín, que actúa como filtro entre el interior y el exterior y como fuente de quietud y escala doméstica. La experiencia del primer piso es la de una casa protegida, orientada hacia un espacio verde que pertenece al interior del lote más que a la ciudad que lo rodea.
La planta alta es para la familia del hijo. Su espacio unificado y de mayor altura está "bastante abierto a la ciudad", en palabras de los propios arquitectos: amplias ventanas, una relación más directa con el exterior y una escala espacial radicalmente distinta de la de abajo. Si el primer piso es introvertido, el segundo es extrovertido; si el primero mira al jardín, el segundo mira a Tokio.
La zona compartida: el lavabo y el baño como umbral intergeneracional
Ambas familias comparten un único lavabo y un baño. Puede parecer un detalle menor, pero en un proyecto tan preciso en sus decisiones, ese elemento compartido tiene un peso conceptual deliberado: es el único punto de contacto obligatorio entre dos estilos de vida que, en todo lo demás, tienen acceso a su propia versión de la casa.
Además, los propios arquitectos describen "paredes suspendidas y tabiques a media altura" que surgen de la "intrusión" de los espacios del primer y segundo piso entre sí. Ese entrecruzamiento espacial —donde el límite entre los dos pisos no es una losa ciega sino una zona de transición con visuales controladas— es el gesto que convierte una decisión práctica (compartir un baño) en una estrategia de diseño que crea pertenencia sin eliminar privacidad.




La estructura que da nombre al concepto: unidades que no pueden sostenerse solas
La tercera capa del proyecto es la más técnica, pero también la que da al proyecto su nombre y su verdadera coherencia conceptual.
Cada una de las cuatro unidades de la planta baja tiene muros portantes en dos de sus lados —el que da a la calle y el que linda con el terreno vecino— y una gran apertura en la esquina de los otros dos lados. Esto significa que cada unidad, de forma aislada, no puede sostenerse por sí misma: le faltan apoyos en dos de sus cuatro lados.
Lo que completa la estructura es el segundo piso. El volumen unificado del nivel superior descansa sobre las cuatro unidades del nivel inferior y, al hacerlo, las ata entre sí y completa el sistema estructural que ninguna de ellas podría conformar de manera individual. Las dos plantas se necesitan mutuamente para existir.
El sistema constructivo elegido —estructura de madera convencional sobre cimentación de hormigón— es, técnicamente, el más habitual en la vivienda japonesa de esta escala. Lo que resulta inusual no es el material sino la forma en que se usa: en lugar de organizar la estructura en una cuadrícula regular de soportes, los arquitectos la configuraron como un sistema de piezas interdependientes, cada una incompleta por sí sola, funcionales solo en conjunto.
Kozo Kadowaki ha desarrollado desde entonces, tanto en su práctica como en su investigación académica y en la curaduría del Pabellón de Japón en la Bienal de Venecia 2021, una línea de pensamiento centrada en la "compartibilidad de los edificios" —cómo la arquitectura puede diseñarse para ser habitada por más de una persona, más de una familia o más de un uso, sin que ninguno anule a los demás—. Casa en Mejirodai, construida once años antes de esa bienal, es una de las primeras formulaciones construidas de esa misma idea.





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El lenguaje material de Casa en Mejirodai es el de la madera estructural vista, las aberturas en esquina y los espacios de escala doméstica que se abren inesperadamente. Estos productos comparten esa misma actitud.
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Análisis crítico del proyecto
Casa en Mejirodai es un proyecto intelectualmente ambicioso para su tamaño: 165 m², dos plantas, madera convencional. Lo que lo hace notable no es su escala sino la densidad conceptual con la que responde a un encargo que en manos de otro estudio habría dado como resultado una vivienda doble sin más complicación que una planta para cada familia.
La decisión de hacer de la estructura el argumento central del concepto —en lugar de dejarlo en el ámbito decorativo o simplemente técnico— es la que eleva el proyecto más allá de la solución eficiente. Que el segundo piso necesite al primero para sostenerse, y que esa dependencia estructural refleje exactamente la dependencia afectiva y social entre dos familias que eligen vivir juntas sin vivir igual, es una de esas coincidencias que en arquitectura nunca son del todo coincidencias.
Dicho eso, hay límites que vale la pena señalar. El contexto urbano del proyecto —un barrio de casas de madera supervivientes de la guerra, en proceso de transformación por una gran infraestructura vial— es tan específico del Tokio contemporáneo que resulta difícil trasladar la solución formal tal cual a otros contextos sin revisar sus fundamentos. La apertura del segundo piso "hacia la ciudad" funciona porque la ciudad que lo rodea, en ese barrio y en ese momento, tiene una escala y una densidad particulares; en un lote con medianeros ciegos o en un entorno de mayor densidad edificatoria, esa misma apertura podría resultar en una planta expuesta sin perspectiva real.
Tampoco hay datos públicos disponibles sobre el desempeño energético de la envolvente de madera frente al clima de Tokio —húmedo y caluroso en verano, frío en invierno—, lo que impide evaluar con precisión qué tan bien resuelve el proyecto ese aspecto más allá de su estrategia espacial.




Aspectos destacados
- Una estructura de madera donde cada unidad del primer piso necesita al segundo para sostenerse: la interdependencia estructural es literalmente el concepto del proyecto.
- Dos generaciones, dos plantas, dos orientaciones: los padres hacia el jardín y la quietud; los hijos hacia la ciudad y la apertura.
- La escala fragmentada de planta baja dialoga con el tejido histórico del barrio; el volumen unificado de planta alta anticipa la nueva escala que traerá la futura carretera.
- Un único lavabo y baño compartido como umbral deliberado entre dos estilos de vida que, en todo lo demás, conservan su autonomía.
- Paredes suspendidas y tabiques a media altura como herramienta de separación que no cierra: divide sin aislar.




Ideas aplicables a tu propio espacio
1. Si estás planificando una vivienda para dos generaciones, antes de organizar el espacio por plantas, define qué experiencia espacial quiere cada familia: ¿orientación al jardín o a la calle?, ¿escala íntima o escala abierta? Esa diferencia puede ser el argumento del proyecto, no solo una variable de distribución.
2. Una tabiquería a media altura —con paso visual por encima sin paso físico— separa usos o zonas de privacidad distinta sin sacrificar la continuidad del espacio, y es uno de los recursos más eficientes en programas de convivencia compartida.
3. Antes de ocultar la estructura de una vivienda de madera, evalúa si dejarla visible aporta calidez y coherencia material al espacio; en este proyecto, la madera no es un acabado añadido sino la expresión directa de cómo está construida la casa.
4. La zona compartida de una vivienda doble —aunque sea solo un baño— puede diseñarse como un umbral con voluntad espacial, no como un elemento de servicio sin más.
5. El contexto urbano inmediato de un lote —su historia, su escala, lo que va a cambiar— no tiene por qué ser solo información de fondo; puede convertirse en el origen de las decisiones formales del proyecto, como ocurre aquí con la dualidad entre el barrio histórico y la futura carretera.




Conclusión y Enseñanza para Nuevos Arquitectos:
Para un estudiante o un arquitecto en formación, Casa en Mejirodai deja una enseñanza que va más allá de la tipología de vivienda compartida: la coherencia de un proyecto no viene de que el concepto suene bien, sino de que atraviese todas las capas del diseño al mismo tiempo. Aquí, la "arquitectura recíproca" no es solo un título; describe el sistema estructural, la relación entre generaciones y la respuesta al doble carácter urbano del lote con la misma lógica.
Kozo Kadowaki llevaría esa misma idea —que los edificios pueden diseñarse para ser compartidos, para depender los unos de los otros en lugar de bastarse a sí mismos— hasta la Bienal de Venecia 2021. El origen de ese pensamiento no está en un manifiesto teórico: está en una vivienda de madera de 165 m² en Bunkyo-ku terminada en julio de 2010. La próxima vez que un encargo parezca demasiado pequeño o demasiado ordinario para producir una idea, vale la pena recordar este proyecto.


Tres artículos para profundizar
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Memoria del proyecto:
Una casa doble se proyectó en el centro de Tokio. En los alrededores, las casas de madera que sobrevivieron a la guerra están dispersas y los edificios de baja altura se distribuyen densamente. El espacio del primer piso se compone de unidades de pequeños volúmenes y el segundo piso es un sistema unificado de un solo gran espacio. Los espacios están dispersos pero en un orden centrípeto. Se ha planeado la integridad de estos dos factores para la casa. Esta casa es una propuesta de un edificio de estilo apropiado para el lugar que tiene dos variables, una zona de casas de madera y una planificación de carreteras.
La primera planta es para los padres y el segundo para la familia con niños. Ellos viven en pisos diferentes con diferentes estilos de vida, compartiendo un lavabo y baño. Sus espacios vivos tienen una calidad totalmente diferente: el espacio para los padres se encuentra rodeado por el jardín, que aporta una sensación de comodidad para ellos y el espacio para la familia es bastante abierto a la ciudad. Las paredes colgantes y los altos tabiques, que son necesariamente creados como resultado de la intrusión de los espacios del primer piso, tienen una influencia en la vida de los residentes, creando una relación de complementariedad entre las dos plantas.





La casa de madera de dos pisos está construida utilizando un método convencional de marcos de madera . Cada una de las cuatro pequeñas unidades de la superficie del espacio del primer nivel tienen muros de carga en el lado de la carretera y del terreno adyacente y una gran abertura en la esquina de las otras dos paredes. Aunque las unidades no pueden valerse por sí mismas, la parte del segundo piso de la casa, se encuentra en la cima de las unidades de la primera planta, dando cuenta de la estructura de los espacios mutuamente dependientes entre la primera y segunda planta.










Ficha Técnica
Proyecto: Casa en Mejirodai / MJD
Arquitectos: Mejiro Studio + Kozo Kadowaki
Ubicación: Tokio, Japón
Año de finalización: 2010
Área construida: 165.0 m²
Tipo de obra: Vivienda unifamiliar doble (para dos generaciones)
Estructura: Madera de dos niveles (método de marco de madera convencional)
Fotografía: Shimizu Ken




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